Vivamos juntos la JMJ de Cracovia

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“Vivamos juntos la JMJ de Cracovia”, este es el tweet lanzado esta mañana por el papa Francisco, pocos minutos antes de su partida para Polonia. A continuación, la experiencia de los jóvenes durante el primer día en Cracovia.

Un vídeo, algunos testimonios, la catequesis del obispo designado y el diálogo con los jóvenes, para concluir después con la santa misa. Desde la JMJ de Cracovia, las catequesis, a las que participan los jóvenes, han cambiado de formato. Iniciaron esta mañana con los jóvenes de todo el mundo, que han recorrido las calles de Cracovia para llegar a los lugares asignados a ellos. Los americanos tuvieron su encuentro en la Arena Tauron, que es una grande estructura con 12.000 puestos. Fueron acogidos por algunos voluntarios, siempre presentes y muy atentos para cualquier necesidad de los peregrinos. Otros grupos se reunieron en las parroquias, donde también tenían a disposición un lugar para comer y zonas para descansar. “La catequesis es importante, porque nos permite meditar sobre la misericordia”, dice Ángela de 19 años, del Carolina del Sur. La palabra Misericordia está escrita en diferentes lenguas y es la palabra que se repite una y otra vez en las camisetas de los jóvenes. Durante la mañana se imparte en los diferentes lugares el sacramento de la reconciliación.

A los italianos les espera una catequesis particular, pues es una peregrinación que realizan del Santuario de la Divina Misericordia al Centro Juan Pablo II. Es un breve itinerario lleno de espiritualidad, de santa Faustina Kowalska a san Juan Pablo II, que como grupo de 40.000 jóvenes han recorrido antes de participar en la fiesta dedicada a ellos.

Mientras tanto, el papa Francisco llegó a Cracovia, que fue acogido por el presidente y las máximas autoridades de Polonia. En el Castillo de Wawel, antiguamente sede de los reyes polacos, el Papa quiso saludar a este país, al que venía por primera vez, con palabras importantes: “La concordia, aun en la diversidad de opiniones, es el camino seguro para lograr el bien común de todo el pueblo polaco”. “El pueblo polaco se caracteriza por la memoria”, son las palabras de Francisco. “Siempre me ha impresionado el agudo sentido de la historia del Papa Juan Pablo II. Cuando hablaba de los pueblos, partía de su historia para resaltar sus tesoros de humanidad y espiritualidad. La conciencia de identidad, libre de complejos de superioridad, dijo el Papa – es esencial para organizar una comunidad nacional basada en su patrimonio humano, social, político, económico y religioso, para inspirar a la sociedad y la cultura, manteniéndolas fiel a la tradición y, al mismo tiempo, abiertas a la renovación y al futuro”.

El Santo Padre participó además, en conexión audiovisual, a la fiesta de los italianos, dialogando espontáneamente con algunos jóvenes durante unos veinte minutos y retomando algunos de sus temas preferidos: “Esta es la actitud que hay que tener  siempre. ¿Hay una dificultad que me impide algo? Regreso y voy hacia adelante, volver atrás y seguir adelante. Esto es lo que tenemos que hacer para construir puentes”. “¡Haced puentes con las manos, todos vosotros! Agarraos de la mano…”, es la invitación a la multitud reunida en la explanada del Centro Juan Pablo II. “Quiero ver tantos puentes humanos ... Este es el programa de vida: hacer puentes, puentes humanos”.

“Pero ahora debería decir una cosa … Permanezcamos en silencio”. Son cerca de las 21.15 cuando el papa Francisco se asoma por primera vez a la ventana del arzobispado, el mismo lugar por donde solía asomarse Juan Pablo II en sus encuentros con los jóvenes. Su pensamiento, se entiende en seguida, va para el joven polaco, Maciej Ciesla, muerto prematuramente poco antes de poder participar en la XXXI JMJ. “Tenía poco más de 22 años – comienza Francisco –. Había estudiado diseño gráfico y había dejado su trabajo para ser voluntario de la JMJ. En efecto, todos los dibujos de las banderas, las imágenes de los santos patronos, del equipo del peregrino, y demás, que adornan la ciudad son suyos. Precisamente en este trabajo ha encontrado su fe. En noviembre se le diagnosticó un cáncer. Los médicos no pudieron hacer nada, ni siquiera con la amputación de una pierna. ¡Él quería llegar vivo a la visita del Papa! Tenía un puesto reservado en el tranvía en el cual viajará el Papa. Pero murió el 2 de julio”. “La vida es así, queridos jóvenes. Pero hay una cosa de la cual nosotros no podemos dudar: la fe de este chico, de este amigo nuestro, que ha trabajado tanto para esta JMJ, le ha llevado al cielo, y él está con Jesús en este momento, ¡mirándonos a todos nosotros! Y ¡esta es una gracia!”.

“Mañana nos veremos, nos volveremos a ver. Vosotros, cumplid vuestro deber, que es hacer lío toda la noche...Y mostrar vuestra alegría cristiana, la alegría que el Señor os da por ser una comunidad que sigue a Jesús”. Por último, pidió a todos rezar a la Virgen, “cada uno en su propio idioma”.

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